El otro día, en la calle Tome Cano, por fuera del Pabellón vi a un par de tipos con no muy buena pinta indicando a los coches que pasaban la posibilidad de aparcar en unas plazas que habían libres. En fin, ya prácticamente en cualquier lugar donde se acumulen más de 10 plazas de aparcamiento aparece el típico gorrilla o aparcacoches que te quiere cobrar "el impuesto revolucionario", tienes que darle la voluntad, que suele ser más de 1 euro porque si no nunca se sabe que podría pasarle a tu coche, ¡qué asco!. Por las inmediaciones del Hospital Universitario y por la de la Residencia idem que idem y no me extrañaría que en las Teresitas ocurriera lo mismo si al final consiguen finalizar el horrible proyecto de Perrault.
Pues nada, ¡anímense!, ¡trabajemos todos de aparcacoches!, ¡cobremos dinero a los que aparcan su coche en la calle por la cara!. ¡Qué país este!...
martes, 3 de marzo de 2009
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