lunes, 4 de enero de 2010

El caradura de la cola

El día 29 se ponían a la venta las entradas para poder ir al estadio el día 5 de enero a ver a los Reyes Magos. Fui con mi padre y mi cuñado porque teníamos un par de encargos y porque sólo daban 6 entradas por persona. Llegamos a las 7:15 y nos pusimos detrás de una chica bien vestida que nos dijo que era la última, poco a poco iban llegando otras personas y se colocaban detrás de nosotros formando una cola. El rollo es que no hay números ni hay lista, la gente se coloca según va llegando y suponiendo que somos personas civilizadas y educadas respetamos dicho orden. Además sólo se dan 6 entradas como máximo por persona por lo que otros años las entradas se agotaban rápidamente, sobre todo los que iban al estadio a recogerlas. Nosotros fuimos a una oficina de distrito, hora y cuarto antes de que abrieran. Pues bien, después de estar media hora en la cola, llega un chico, un señor, que saluda con dos besos a la chica que está delante de nosotros y se queda ahí hablando con ella. Yo espero diez minutos y le pregunto al señor si él también va a recoger entradas, me dice que sí y yo le respondo que entonces debe respetar el turno de la cola y ponerse el último y no donde se había puesto. Él dice una serie de mentiras y me increpa diciendo que cómo voy a saber yo si él estaba o no antes que yo y cosas por el estilo, cuando por fin le dejo claro que se ha colado él me reta a que yo le saque de su sitio y lo lleve al final de la cola. Entonces yo grito a la gente de la cola que hay un hombre que se ha colado y que no piensa moverse del sitio y a continuación llamo a un policía local que interviene. Pues al tío no se le cae la cara de vergüenza y sigue argumentando cosas como que él ya estaba desde antes pero se había tomado un café,..., tonterías. Total que el policía local le pone los puntos sobre las ies y le deja claro que se ha colado pero que él no puede obligarle a quitarse de ahí y el muy caradura pasa de todo y continúa delante de mí.
Cuando ya abren las puertas de la oficina y recoge sus entradas al pasar a mi lado digo en voz alta y señalándolo para que los funcionarios lo vieran: "éste señor se ha colado". Él ya cabreado se gira y me responde que soy muy "valiente" y que tengo mucha cara, yo me parto de risa y le digo que el caradura precisamente es él.
En fin, vivir para ver. Podía haberme callado y dejar que se colara y punto pero esta vez me dió coraje que siempre tenga que haber un maleducado o un incivilizado que rompa el buen orden de las cosas